Octubre cambia Palma, pero no tanto como parece. Bajan las temperaturas, las calles recuperan un ritmo más tranquilo y vuelve a apetecer caminar por el centro sin pensar demasiado en la hora. El puerto sigue con su actividad y el Mediterráneo, por supuesto, continúa marcando lo que llega a la lonja.
También cambia nuestra manera de comer. Después del verano vuelven a apetecer platos con algo más de fondo, pescados preparados al horno y arroces que encuentran en esta época un momento especialmente agradecido.
Por eso, si buscas qué comer en Palma en octubre, quizá la respuesta esté más cerca del mar de lo que imaginas.
1. El otoño también llega a la lonja
Trabajar junto a la Lonja de Palma significa convivir con algo que sabemos desde hace muchos años: el mar no ofrece lo mismo durante todo el año.
El producto cambia y la cocina se adapta.
En Ca n’Eduardo esa relación forma parte de nuestra historia desde 1943. El pescado fresco y el marisco siguen teniendo un papel fundamental en nuestra cocina también cuando termina el verano, tratados de una forma que busca respetar el producto y su sabor.
Octubre no significa despedirse del Mediterráneo. Significa descubrirlo en otro momento.
2. Hay platos que en octubre apetecen especialmente
Un arroz frente al Puerto de Palma no necesita 30 grados para tener sentido.
De hecho, cuando empieza a refrescar, algunas elaboraciones vuelven a apetecer incluso más. Los arroces, las paellas y los pescados forman parte de una cocina mediterránea que no entiende demasiado de modas ni necesita reinventarse cada temporada.
La estación cambia el producto y también nuestras ganas de comer. Y eso acaba notándose en la mesa.
3. Palma vuelve a bajar el volumen
Quizá esta sea una de las mejores razones para comer en Palma en otoño.
Octubre permite recuperar otra versión de la ciudad. Pasear por el casco histórico, pasar por la Catedral, bajar hacia el puerto y sentarse a comer con más tranquilidad.
En Ca n’Eduardo llevamos más de 80 años viendo cambiar Palma desde el mismo lugar. Recibimos a quienes vienen a conocerla, pero también a quienes viven aquí y esperan precisamente estos meses para recuperar algunos de sus planes habituales.
Porque cuando termina el verano no termina la buena mesa. Y mucho menos el mar.
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